La palabra clave para el otoño será armonía. Esta temporada se consolidará la tendencia a adoptar, con el cambio de estación, aromas amaderados, que armonizan con un entorno donde el paisaje adopta colores intensos y profundos como el marrón, el naranja y el tono rojizo de las hojas de los árboles. No es arriesgado anticipar que sándalo, cedro, especias y almizcle serán algunos de los aromas más usados.
Se vienen los perfumes leñosos. Siguiendo con la tendencia mencionada, las fragancias leñosas y terrosas también serán una buena elección para el otoño e invierno, debido a que tienen una esencia rica y cargada, que trae recuerdos de pinos y leña. La bergamota, el pachulí, el musgo de roble y el láudano entran en esta categoría.
Los aromas orientales no pasan de moda. Así como en las comidas la canela, la nuez moscada y el cardamomo son especias más aptas para el invierno, lo mismo ocurre con las fragancias. Estos aromas se conocen como orientales, y por lo general tienen un olor rico y exótico
Se revalorizan las notas de fondo. Las notas de salida y las intermedias, este otoño no pesan tanto como las de fondo, que son las que permanecen durante más tiempo. En ese sentido, la vainilla tendrá una fuerte presencia. El pachulí y el sándalo, ya mencionados, también se encontrarán con regularidad en los perfumes de este invierno.
Estas notas se empiezan a percibir con fuerza recién a la hora de haberse aplicado la fragancia, algo que conviene aclarar a los clientes al momento de realizar la prueba en la piel.
Perfume antes que colonia. El eau de cologne se fue con el verano. Es tiempo del eau de parfum, que tienen una concentración de fragancia mucho mayor, lo que genera un aroma más cargado. Sin dudas, este otoño se impone usar algo más fuerte.
Probar, probar y probar. El error de comprar un perfume porque gustó como huele en una persona conocida, ya es imperdonable. El aroma del perfume suele alterarse con la química del cuerpo debido a diversos factores y, por lo tanto, puede oler muy diferente de una persona a otra. No se trata de vender a los clientes el primer perfume que le haya gustado; hay que incentivar la prueba. Lleva tiempo y dedicación, pero redundará en una mayor fidelización en el largo plazo.