Los productos dermocosméticos son vistos en todo el mundo como una alternativa para combatir la pérdida de rentabilidad de los medicamentos. La mayoría de sus destinatarios son mujeres de entre 30 y 55 años, con un poder adquisitivo medio-alto, preocupadas por mejorar su belleza y bienestar.
En la medida en que el espacio de la farmacia lo permita, lo ideal es desarrollar cuatro zonas diferenciadas para poder impulsar adecuadamente este tipo de productos.
Mostrador específico. En la zona de productos dermocosméticos puede ser de gran utilidad incorporar un mostrador individualizado, exclusivo para el consejo y la venta de esta categoría. “La tendencia es que sea un mostrador de reducido tamaño, para poder estar más cerca del paciente y brindar un servicio más individualizado”, explican las especialistas María Jesús Lucero, Gema Herrerías e Inma Riu en su libro Dermofarmacia.
Cabina privada. Este tipo de espacio, también llamado box, suele incluir un sillón para realizar las presentaciones y pruebas de novedades en productos dermocosméticos. Es también el sitio ideal para brindar asesoramiento y enseñar protocolos de aplicación que permitan mejorar la eficacia de las rutinas de cuidado de la piel.
Algunas farmacias grandes brindan la posibilidad de canjear los puntos acumulados en la tarjeta fidelidad por servicios en esta cabina. De esa manera, se agrega valor a los programas de fidelización.
Zona de consejo. Más reducida que el box, esta zona precisa de una mesa de apoyo para realizar los análisis de piel (es fundamental contar con un dermoanalizador) y elaborar las fichas personalizadas. Se trata de una suerte de consultorio dermofarmacéutico, según explica Adolfo González Goicoechea en Manual práctico de gestión de oficina de farmacia.
Lo ideal es que dicho espacio esté disponible durante todo el horario de apertura y sea atendido por el farmacéutico titular (si está especializado en dermofarmacia) o por algún especialista que haya realizado algún estudio o curso especializado en la materia.
Lo ideal es que sea un espacio abierto de fácil acceso, pero que a la vez garantice la confidencialidad del paciente.
Zona de exhibición. Es fundamental contar con un área específica de exhibición de productos dermocosméticos, con un mobiliario que haga más atractiva la presentación y mejore la percepción de calidad del producto y del servicio.
Las ventas suelen ser proporcionales a la superficie de la farmacia dedicada a la exposición, por lo que conviene dar un espacio considerable a estos productos. Cuando eso no sea posible, conviene redistribuir el salón de tal forma que este sector esté ubicado en una zona caliente. Hay que recordar que la tendencia natural del paciente es dirigirse al centro y fondo del local en el sentido contrario a las agujas del reloj.